El niño se queda sin viaje de estudios

Derecho de autor :  Nina Vlassova

Todo estaba ya planificado. En el instituto le facilitaron a los menores la relación de los documentos que debían de llevar cada uno…y entre ellos aparecía el pasaporte.

El niño al llegar a casa le comentó a su madre qué donde estaba su pasaporte, y la madre le informó que no tenía, pero que iría a la comisaría de policía a sacarlo, y en unos días todo solucionado.

El funcionario que atendió a la madre le informó que para que el menor obtuviese el pasaporte necesitaba que fuesen los dos padres, ya que es un requisito necesario.

En efecto, el Real Decreto 411/2014, de 6 de junio, ha venido a modificar la normativa para la expedición del pasaporte y obliga a partir de su entrada en vigor a que ambos progenitores presten el consentimiento expreso -hasta ahora solo era necesario con el consentimiento de un progenitor- para que se expida un pasaporte a un menor de edad. La norma se dictó con la finalidad de evitar posibles problemas de sustracción de menores por parte de uno de los progenitores. En el supuesto de que uno de los padres no pueda estar presente, el padre que vaya con el menor a la oficina del DNI deberá aportar un consentimiento firmado ante Notario.

Pero el problema es que el padre se marchó hace bastante tiempo y en la actualidad la madre no conocía ni su teléfono.

La madre explicó esta circunstancia al funcionario, pero este amablemente de informó que en este caso, sería necesario que trajese una resolución judicial autorizándola para la obtención del pasaporte.

Como ya iba quedando menos tiempo para el viaje, ese mismo día la madre se fue al juzgado, y le facilitaron el impreso normalizado para instar un expediente de jurisdicción voluntaria, que cumplimentado velozmente quedó presentado ese mismo día.

Como pasaba un tiempo sin que la madre recibiese noticias del juzgado, el hijo comenzó a impacientarse. ¿Tu estás segura que todo el papeleo se arreglará antes del día previsto para el viaje?

Y pasaban los días. ¿Mama, ha venido algo del juzgado? ¿ Porqué no vas y preguntas a ver que pasa?

Unos días después la madre recibió una carta del juzgado en la que le informaban que se había iniciado un expediente de jurisdicción voluntaria y que se celebraría una comparecencia dentro de cuatro meses.

!Cuatro meses! Pero si el viaje es el mes que viene. !Esto no puede ser! Fue el juzgado y de regreso no sabía como iba a explicar a su hijo que por problemas de agenda la comparecencia no podía celebrarse antes, que no habría pasaporte y que por tanto, se olvidara del viaje de estudios.

En el art. 156 del CC se incluyen mecanismos legales para solucionar este problema sin necesidad de iniciar el expediente de jurisdicción voluntaria previsto para los casos de discrepancia en el ejercicio de la patria potestad, especialmente porque la circunstancia de que el padre esté ausente y se desconozca su paradero no implica que haya una discrepancia en el ejercicio de la patria potestad.

En el párrafo cuarto del mencionado precepto se indica que en caso de “ausencia, incapacidad o imposibilidad de uno de los padres, la patria potestad será ejercida exclusivamente por el otro”, por tanto, cabría la posibilidad de que la madre presentase un escrito en el juzgado poniendo en conocimiento del mismo la problemática y el desconocimiento del domicilio del padre. El juzgado procedería a su averiguación y si no pudiese localizarlo, dictaría una resolución indicando que, por estar el padre ausente, para la obtención del pasaporte del menor se atribuye el ejercicio exclusivo al progenitor custodio.

Hay que ver el daño que van a hacer las dichosas comparecencias en los expedientes de jurisdicción voluntaria, cuando antes estas cuestiones se resolvía sin formalidades de ningún tipo.

Cuando la madre se lo contó su vecina, que también se encontraba divorciada, esta cogió el bolso y se fue corriendo al juzgado. Su hijo iba a hacer la primera comunión y como el padre ponía todo tipo de problemas, rellenó el impreso normalizado solicitando que le se atribuyese a ella la facultad de decidir la primera comunión. Aunque el evento estaba previsto celebrarse dentro de dos años, la madre no quiso arriesgarse a los problemas de agenda del juzgado.

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