Papá, quiero ser artista

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El título de esta entrada del blog nos lleva a recordar a nuestra querida Concha Velasco cuando cantaba:

“Mamá, quiero ser artista,

¡Oh! Mamá, ser protagonista,

Con pieles o harapos con tal de ser trapos,

De estrella solista que hace suspirar.

Mamá, quiero ser famosa,

¡Oh! Mamá, ser la más hermosa,

Firmar talonarios y en el escenario

Pisar a diario /alfombras de rosas.

Mamá, por favor, compréndeme:

Quiero ser artista”.

Y resulta que Carlos quiere ser artista. Y se está preparando para ello. Después de un bachillerato complicado por culpa de su hiperactividad con déficit de atención y sin duda, por la separación de sus padres, realizó una diplomatura en locución y doblaje, continuando su formación con cursos de arte dramático, pues su aspiración es la de desenvolverse profesionalmente en el futuro como actor.

El problema es que no parece que el padre esté por la labor. Y es que los padres se separaron en el año 1998, y desde entonces el padre no ha desistido de su empeño de reducir, primero, y luego de extinguir la pensión alimenticia. ¿Por qué un padre se obsesiona con esto? Posiblemente, porque la relación paterno filial se cortó: ¿Fue culpa de él?, ¿Fue culpa de la madre?, ¿Fue culpa del hijo? ¿Fue un poco culpa de todos? … La realidad es que un padre que no ve a un hijo no se siente padre y se es padre para todo, y no solo para pagar la pensión alimenticia.

Cuando el hijo cuenta ya con 26 años, el padre promueve una nueva demanda de modificación y aunque el Juez de Familia cree firmemente en el artista en ciernes y desestima la demanda para que el padre siga subvencionando la actividad artística del hijo, la Audiencia Provincial hace que el artista ponga los pies en el suelo, y con un criterio lógico y razonable, le recuerda “la singular dificultad que conlleva la integración en dicho sector artístico, y más aún que el mismo le proporcione la suficiente autonomía pecuniaria, lo que, de conformidad con lo prevenido en el artículo 35 de la Constitución, le obliga, en tanto alcanza, si ello fuere posible, dicha integración artístico-profesional, su incorporación a un mercado de trabajo que no requiera de una especial cualificación“. Al final, para darle tiempo a que se busque un trabajillo compatible con la vida de actor, le prorroga la pensión por un año más.

Igual un día de estos vemos a Carlos de vendedor en un supermercado interpretando algún papel cómico o dramático mientras nos atiende, aunque más nos gustaría verlo actuar en un teatro.

El actor, y nunca mejor dicho, de este drama ha sido su padre que harto de pagar la pensión y no tener relación con el hijo, ha promovido que se eche el telón de una obra de teatro que nunca debió tener ese argumento. Porque si, a pesar de la separación, la relación con el hijo hubiese sido normal, posiblemente todo podría haber sido distinto. Pero claro, venimos de una época en la que la custodia compartida no estaba en el guión y el padre, a veces, no aparecía ni en los créditos finales de la película.

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