■ El desequilibro económico no lo crea el divorcio sino la enfermedad de la esposa

El matrimonio no impidió trabajar a la esposa ni le privó de expectativas laborales hasta su jubilación por incapacidad. La diferencia de ingresos entre los cónyuges no trae causa directa en el sacrificio asumido por la esposa durante el matrimonio por su mayor dedicación a la familia ni ese sacrificio se encuentra en relación directa con el progresivo incremento de los ingresos del esposo por su trabajo durante el tiempo que duró el matrimonio. La diferencia de ingresos no tiene que ver con el divorcio, sino con su enfermedad. Además, se atribuye a la esposa el uso de la vivienda familiar y se le exonera del pago de cualquier gasto de los hijos.

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