¿Quién dijo que el matrimonio no es para toda la vida?

La abogada Pilar González Cuevas realiza una brillante descripción de las situaciones que pueden presentarse tras la crisis de la pareja: por un lado la abnegada madre que tiene que sacar adelante a la familia como puede, y aquella otra, afectada por el síndrome “madrismo” que tiene como misión poner “una soga al cuello” al exmarido

Pilar González Cuevas.

Abogada.

Tal vez para un atleta haya algo peor que no llegar a la meta: ser el segundo en llegar. Frente al triunfo,  el oro y el laurel,  el desconsuelo de la plata, un escalón por debajo. Apenas unos centímetros para el éxito. Ese “casi” llegar a tocar el cielo con la punta de los dedos. Ese cielo reservado a los primeros.

Los primogénitos, salvo excepciones, ya no gozan  de mejores derechos legales. Pero siguen siendo los primeros. Como los deportistas, los primeros, los segundos y los terceros subirán al podium. Pero solo el primero  tendrá la gloria, el honor y el himno.

En derecho ser el primero es ser el mejor. “Prius in tempore, potior in iure”, dice el viejo axioma.

El derecho hipotecario privilegia al primero en llegar, desoye al segundo y curiosamente, protege al tercero.

“El que da primero da dos veces, dice el refrán”. “Segundas partes nunca fueron buenas”… La sabiduría popular está llena de ejemplos.

En el mundo real no hay casi nada peor que ser un “segundón”.

Existen razones de sobra para que ser el segundo sea, sencillamente, una putada.

Hace décadas el cine americano ya hizo suyo un extraño club creado al hilo de los tiempos modernos, el de las “segundas esposas”. Curiosamente no se conoce la existencia de semejante estado en el status de los segundos maridos, a no ser las múltiples asociaciones creadas de padres separados y cabreados, que haberlas, las hay. Pero van en otra línea.

Mal que pese a quienes como quien habla, defienden o pretenden defender los derechos de las mujeres frente a la injusticia y el desequilibrio, puede establecerse un tópico, sangrante y desgarrador para quien lo padece,  de suficiente entidad como para que sea práctico crear un club en defensa de los embates de un lobby creado con la interacción de las primeras esposas, los hijos de éstas y la intervención judicial en la sanción de su status jurídico.

Mira por donde, lo que puede parecer la desventaja de tutelar los hijos con la consiguiente pérdida de tiempo y disponibilidad, se convierte en una verdadera tiranía frente al exmarido, siempre por debajo del umbral de la exigencia de la exesposa, siempre sometido al imperio de la defensa numantina del interés de los hijos comunes, contra todo, especialmente contra el exmarido y lo que pueda suponer su expectativa de tener una vida propia sin injerencias.

Hay millones de ejemplos de exmaridos que no llegaron nunca a ejercer como padres ni fueron en esencia verdaderos maridos, por lo que nunca serán ni una cosa ni la otra.

Es cierto que en la mayor parte de los casos son las madres quienes fundan la familia y la mantienen a lo largo de toda su vida sin que el co-progenitor las auxilie.

De ahí la grandeza del término “maternidad”.

Lo antexpuesto es la regla.

Pero, vive Dios, que también hay primeras esposas, o exesposas al fin, que son verdaderas mantis religiosas que distorsionan la realidad, asfixian, someten, amenazan y doblegan al macho que una vez fue suyo y contribuyó a su fruto, verdaderas arpías que parecen no tener otro objetivo en la vida que clavar su aguijón envenenado hasta dar muerte a su unilateral adversario.

De igual modo que hay hijos, cada vez más, que en su mayor edad pretenden manejar como suyo el patrimonio paterno sin esperar que se produzca el hecho natural que despliega el derecho a la herencia (la muerte) , hay exesposas que pretenden que el exmarido padre de sus vástagos jamás conserve disponibilidad personal, ni mucho menos económica, “en contra” de los hijos. Lo capitidisminuyen para siempre.

Instrumentalizando las armas que la Ley otorga  a quienes tienen el derecho, las usan mal y a bocajarro contra quien definitivamente será  el enemigo a batir.

Si un hombre se entromete en la vida de la exmujer será un machista degenerado y ruin. Si es la exmujer la que impide que el exmarido retome una vida al margen de sus injerencias, las que siente como legítimas, estará ejercitando el derecho en  interés de sus hijos. Esa será la bandera que enarbole y la espuria creencia bajo cuyo manto ocultará su sed de dominio, tan cruel como el machista.

Llamémosle a esa suerte de síndrome letal,“madrismo”, cuyo ejercicio  será tan malo para los protegidos (los hijos) como para aquél de quien se les pretende proteger (el padre). Y para la protectora, si se apura.

Y hay de aquél que para su desgracia decida introducir en la variable de la “panexesposa” o exesposa universal, una segunda esposa. Los tambores de guerra sustituirán los acordes de la marcha nupcial. El anillo de boda regalado a “la otra” será un anillo robado a los hijos comunes. El viaje nupcial, será la negación del viaje para los hijos, la cena con “ella” será la retirada de un plato de la comida de los hijos. El nuevo sentimiento amoroso será un amor restado a los hijos; la caricia a la nueva esposa, será la caricia robada a los hijos.

Si esa nueva esposa es independiente económicamente su economía será también una resta a los hijos. Porque la imaginación de la mantis y sus acechanzas hará que lo que la segunda esposa tenga, por suyo que sea, si es compartido con el esposo, sea también en detrimento de los hijos, y por mor de esa falacia, de ellos también.

Ese “madrismo” mal entendido hará responder siempre al progenitor con sus acciones y bienes pasados, presentes y futuros, una hipoteca perpetua y una soga al cuello.

¿Quién dijo que el matrimonio no es para toda la vida?

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